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Es también devolverse a la infancia, cuando los papás le preguntaban al pequeño de la casa si quería ser astronauta por un día y el niño con una sonrisa y con euforia respondía que sí. Como aquel niño emocionado, yo estaba feliz visitando de nuevo ese lugar tan espléndido y lleno de aventuras. 

Este lugar mágico, que te lleva a viajar a cualquier lugar del universo, conociendo, explorando y percibiendo el movimiento de cada constelación, cuenta con 5 salas, destinadas a enseñar de una manera práctica y divertida. 

El máximo atractivo de la sala 1 es el DOMO, donde ahora se proyecta una película sobre la formación del planeta Tierra, las características del universo y el camino a la luna. Bajo la mirada del cielo, recreado por el domo de 23 metros de diámetro y una pantalla de 360°, esta proyección suscita preguntas vitales como: ¿qué hacemos aquí y a dónde vamos?  

Diana Marcela Vargas, visitante frecuente del Planetario de Bogotá, disfrutó durante 40 minutos de la proyección y contó fascinada que “el Planetario es un espacio que nos envuelve, nos acoge, nos lleva a conocer el espacio y a preguntarnos todo el tiempo sobre nuestra existencia en el planeta Tierra. Es magnífico como recrean el lugar para que cada uno de nosotros logremos creer que sí estamos explorando el universo. Toda esta experiencia nos vuelve amantes de la ciencia, la tecnología y el arte”.

Durante una hora, las personas que están al interior del Planetario destinan media hora para explorar las tres salas que siguen y la otra media hora para la sala 5, en la cual, mediante una charla guiada por un programa, se viaja por el sistema solar y se realiza un taller llamado Vida e imaginación, donde las personas se sientan a dibujar cómo se imaginan la vida en otro planeta u otro cuerpo celeste.

Para los amantes del sistema solar, está la sala número 2, donde explican cuáles son los componentes y características del mismo. Valentina Contreras, estudiante de biología de 23 años apasionada por la astrología, expresa con entusiasmo: “Recuerdo que, gracias a la clase de sociales en el colegio, me empecé a interesar por los planetas y el universo. Esta sala es muy especial para mí porque todavía sigo aprendiendo que no solo nuestro planeta tiene grandes riquezas, sino también lo que hay fuera de ella”.

Recorrer el Planetario se hace aún más interesante cuando se llega a la sala 3, enfocada en habitalidad galáctica, que permite saber dentro de nuestra galaxia qué zona puede llegar a ser importante para la astrobiología y qué se requiere para que exista la vida. En esta sala, mediante una actividad llamada Polvo de estrellas, con una tabla periódica le enseñan a los visitantes que todos los elementos que la componen son muy comunes en nuestro diario vivir: están en el interior de nuestro cuerpo, los consumimos y están en instrumentos que utilizamos a diario. 

Para hacerlo didáctico, los guías les dicen a los visitantes que saquen los elementos que tengan en sus bolsillos y les explican, por ejemplo, que la batería del celular tiene litio; de esta manera acercan a la gente no solo a la astronomía, sino a varias áreas del conocimiento a través de la astrobiología. 

Residentes y turistas vivieron la magia del universo durante esta actividad. Este fue el  caso Juliet Ospitia Joya, una joven bogotana que hace cuatro años está radicada en Texas, Estados Unidos, y que llegó a su ciudad natal en épocas decembrinas para sentir el calor de su hogar, y uno de sus planes fue asistir con su familia al Encuentro de Planetarios: “Estos espacios nos permiten conectarnos más con el espacio que  habitamos. Nos permiten ubicarnos en ese gran misterio que llaman universo y saber, así sea poco, sobre la grandeza que habitamos. Lo más importante es que todos podamos acceder a estos encuentros y que podamos aprovecharlos”.

La parte de abajo del recinto, la sala 4, es muy interesante porque allí se exponen las misiones espaciales que se han realizado. Uno de los visitantes, Gregorio Rodríguez, dice que “por noticias había escuchado una que otra salida de los americanos al espacio, pero aquí aprendí todos los Apolo que han viajado (risas), que Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17… todos estos viajes con el fin de explorar la Luna y recoger muestras para las investigaciones. Uno se siente aquí como si hubiese hecho parte de esas misiones, hay una puesta en escena increíble, le dan ganas a uno de seguir visitando este lugar para aprender”.

Y qué decir de la última sala, donde se conocen a los planetas: Tierra, Jupiter, Marte, Neptuno, entre otros,  y los  satélites naturales de cada uno de los planetas, como el caso de Marte con sus dos lunas, Fobos y Deimos. Edwar Hernández, quien estuvo con sus dos hijos en dicha sala, cuenta que “con regularidad trato de traer a mis hijos para que aprendan, no es costosa la entrada y durante una hora mis hijos aprenden de una manera divertida. Desde que venimos a estos espacios ellos han desarrollado mucho sus habilidades porque aquí se les permite preguntar y equivocarse”. 

Si quieres conocer este lugar y vivir miles de sensaciones, en estos momentos el Planetario está manejando dos rutas: hacia la luna, cuerpo celeste, y la otra ruta, que va dirigida hacia la astrobiología, universo vivo. ¡No te lo pierdas!

 

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