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Casi siempre observamos la cuidad desde la altura de las montañas, divisamos las calles principales, buscamos nuestros barrios y casas, reconocemos algunos edificios como el estadio o el aeropuerto,  y en algunos casos vemos las líneas ondulantes de las quebradas que bajan en dirección al río  Bogotá. Los cerros pueden ser un observatorio de la ciudad. Pero, ¿acaso habrá algún observatorio  para los cerros? 

¡Sí que lo hay! Es la biblioteca Virgilio Barco, ubicada justo al lado del Parque Simón Bolívar. Este  lugar no es tan solo el edificio que alberga la biblioteca, sino que junto al edificio fue concebido el  parque que lo contiene. ¡Imaginemos! Es casi como como si sus arquitectos, Rogelio Salmona y  María Elvira Madriñán, hubieran tenido la posibilidad de diseñar y construir una ciudad a escala.  Sobre el lote triangular que hoy ocupan tanto la biblioteca como el parque, fue edificado un  complejo arquitectónico que comprende caminos, puentes, túneles, plazuelas, foros y terrazas, los  cuales son circundados por canales, lagos, fuentes y jardines. Todo rodeado por una pista a modo  de circuito donde se practican deportes como el ciclismo o el patinaje. 

La Virgilio Barco es un monumento sobre el que podemos caminar. Un monumento dedicado al  paisaje bogotano, el cual podemos contemplar mientras recorremos el parque, o cuando subimos a  las terrazas y los puentes de la biblioteca. Antes de ser construido, el lote triangular había sido un  depósito de escombros, tantos que gracias a ellos es que el parque cuenta con esa pequeña  elevación que rodea a la biblioteca, y desde donde es posible admirar las curvas de su volumen y el  juego de los ladrillos sobre su fachada. 

Para ingresar a la biblioteca primero se deben recorrer los caminos y lugares que conforman el  parque. Estos senderos, nos invitan a caminar sin prisa, a fijar la mirada sobre su adoquín de ladrillo surcado por canales donde corre el agua. El lugar nos ofrece contemplación, pues no estamos  rodeados por el ajetreo y el tráfico de la urbe a pesar de estar en medio de la ciudad.  

El parque cuenta con dos sitios centrales o alamedas: la Plazoleta de la Escultura y el Espejo  Ceremonial. La plazoleta alberga una escultura del artista santandereano Eduardo Ramírez  Villamizar titulada Homenaje Muisca, la cual busca evocar los motivos que adornaban los textiles y  la cerámica muisca mediante sus láminas metálicas formadas por rombos y triángulos. Vista desde  abajo, la escultura también puede evocar la silueta de nuestros cerros. 

Por otro lado, mientras en la plazoleta de la escultura predominan los ángulos rectos, en el Espejo  Ceremonial casi que podemos deslizarnos por la curvatura del espacio. El Espejo es el lugar donde  desaguan casi todos los canales del parque, allí son recogidos por un pozo circular de muros blancos  que está envuelto en un espacio circular de muros también blancos. La profundidad del lugar  despierta el eco de las aguas que es conducido en el espacio por la curvatura de los muros.

Además, el parque cuenta con cinco espejos de agua, que representan las lagunas de la sabana, las  cuales ofrecen su agua a la ciudad. Tiene también cerca de 1.100 árboles en su mayoría nativos, muchos de los cuales tienen placas informativas con sus nombres. Entre estas espacies 90 son Palmas de Cera, nuestro árbol nacional.  

Así como los Muiscas tenían observatorios a lo largo de la sabana desde donde observaban los  movimientos del sol y los demás astros en relación con los cerros, nosotros tenemos la biblioteca,  que es también un observatorio. El edificio está incrustado en un terreno horadado, circundado por  los taludes de tierra donde se sitúa el parque. Esto hace que la vista de la ciudad esté oculta,  quedando ante nuestros ojos el cielo, los cerros, las fuentes escalonadas que rodean la biblioteca, y  las múltiples formas en el juego de los ladrillos. Allí nos sumergimos en la ancestralidad del territorio,  donde tierra, montañas y cielo nos recuerdan por qué fue posible habitar esta sabana, y nos  interrogan sobre cómo la habitamos hoy día. 

La Virgilio nos ofrece otras formas de ver y pensar nuestra ciudad.

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