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Es raro pensar que una planta de tratamiento de agua pueda ser una joya arquitectónica y un oasis ambiental. Es el caso de Vitelma, el primer acueducto moderno que tuvo Colombia. Ubicada en San Cristóbal, localidad de Bogotá, la planta comenzó a operar el 6 de agosto de 1938 como un regalo a la capital colombiana por sus 400 años de fundación. Su objetivo era  uno solo: mejorar el abastecimiento de agua potable en la ciudad. 

 

Esta planta tuvo operación continua hasta abril de 2003 y más tarde, en 2009, se convirtió en un museo donde se puede contemplar maquinaria y objetos originales y una edificación muy bien conservada que vale la pena explorar. Vitelma fue declara Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación en 1988 y cuenta con todas las características para llamarla un templo del agua: no solo porque el agua sea un elemento vital para la existencia humana y animal, sino porque fue diseñada como una iglesia de estilo arquitectónico neocolonial que recupera rasgos de la Colonia.

 

Recorrer sus pasillos es llenarse de una atmósfera de otra época. Sus pisos, guarda escobas y escaleras se hicieron con mármol italiano, mientras que las barandas, marcos de puertas y lámparas, en bronce y hierro forjado. Estamos hablando de objetos con más de 80 años de historia cuya calidad y suntuosidad no desvanece. 

 

En medio del recorrido, Marco, un amable guía de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, que hoy administra Vitelma, me cuenta la historia de la planta, que es, en el fondo, la historia de cómo la ciudad logró hacer su agua potable. Me dice que en 1888 se instaló la primera tubería de agua cruda. Que en 1915, se comenzó a ‘clorar’ (desinfectar) el agua de los ríos. Pero que esto no era suficiente para limpiar el agua como se debía. De esa necesidad nació Vitelma, una planta que lleva el nombre del barrio donde está ubicada y costó 7 millones de pesos de la época. 

 

Aquí podrás apreciar objetos históricos como el primer tanque de agua cruda construido en Bogotá y dosificadores fabricados en Estados Unidos que hoy, casi un siglo después de haberse elaborado, funcionan. En este recorrido aprenderás cómo se purificaba el agua de la ciudad de principio a fin, a través de maquinaria, salas y un conjunto de bellas fotografías en tonos sepia que ilustran la evolución de la planta. 

 

Debes saber que Vitelma es una de las pocas plantas de agua clásicas del mundo que aún se mantiene en pie y opera sin contratiempos.  A la salida, te sentirás en medio de un parque ecológico. Los imponentes árboles que rodean este acueducto fueron cultivados hace más de 80 años. Es definitivamente un gran lugar para exhalar todo el agobio de la rutina. 

 

A solo 10 minutos de Vitelma, en dirección sur, encontrarás un ícono de la localidad 4 de San Cristóbal y uno de los museos comunitarios más fascinantes que haya conocido jamás. Se trata del Museo del Vidrio. Sí, suena particular, pero es más que eso: el vidrio hace parte de la identidad de los habitantes de este sector, ya que allí se encuentran tradicionales fábricas y hornos. 

 

La intención del Museo del Vidrio es mostrar, mediante artesanías elaboradas en este material, la memoria del territorio. Aquí puedes apreciar piezas elaboradas por la misma comunidad: objetos de laboratorio, vasos, jarras y elementos decorativos. Y, por supuesto, están exhibidas las mejores obras de los maestros vidrieros de la localidad y las de sus hijos, porque ellos, que tienen entre 15 y 25 años, decidieron prolongar la tradición. Si quieres conocer la historia de cada uno de estos artesanos y de sus creaciones, puedes escanear códigos QR  que se encuentras en las salas de exposición. 

 

En tu visita, no puedes dejar de subir al altillo del museo, que cuenta con un mirador 360 grados que ofrece una panorámica privilegiada de la localidad, y también el taller, donde los maestros vidrieros hacen arte. Allí podrás verlos trabajar de primera mano. El proceso es sorprendente: mientras un soplete dispara fuego, el maestro moldea el vidrio con un leve y constante movimiento de dedos, como si tocase una flauta. Después verás como el vidrio, ese material tan duro y al mismo tiempo tan frágil, se estira como un elastano hasta alcanzar la figura deseada. 

 

Puedes finalizar tu visita al Museo del Vidrio de Bogotá en su atractiva tienda. Allí encontrarás accesorios como medallones y aretes, pasando por mesas de centro para sala, hasta increíbles juegos de mesa. Mi recomendado especial es un parqués digno de colección fabricado con las técnicas de soplete y mosaico ¡impresionante! 

 

Puedes finalizar tu recorrido por la localidad de San Cristóbal en la Plaza de Mercado del 20 de julio, que se destaca principalmente por su zona campesina, donde se comercializan los fines de semana hasta 170 productos tradicionales (carnes, pescados, frutas, verduras y abarrotes), provenientes de 17 municipios de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Santander. 

 

No puedes dejar de visitar su plazoleta de comidas, un auténtico paraíso de la gastronomía típica. En 10 restaurantes y 4 cafeterías, podrás probar suculentos platos a precios justos. También te recomiendo visitar sus 7 fruterías, que ofrecen deliciosas ensaladas a precios asequibles. Todo esto en medio de impecables pasillos y el fresco olor de las plantas medicinales. 

 

Esta ruta por San Cristóbal te ofrece historia, cultura y gastronomía desde una perspectiva comunitaria. Vive esta experiencia y conéctate con la identidad popular bogotana. ¡La ciudad espera por ti!

 

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