Logo Bogotá Página oficial de turismo de Bogotá

lupa

La necesidad de expresar, de contarle al otro algo, ha acompañado al hombre desde siempre. Quizás el mejor ejemplo de ello sean las pinturas rupestres de los hombres primitivos que muestran, a través de trazos y formas disímiles, la cotidianidad de la vida en todos los continentes. Podríamos afirmar, entonces, que arte rupestre es el primer antecedente del graffiti, allí nacería el vínculo entre el hombre y la pared.

Asociado al vandalismo, al desorden, a lo invasivo, el grafiti fue sindicado como una práctica punible durante muchos años. Así, este tipo de muestras de arte urbano fueron estigmatizadas y señaladas como nocivas por varios sectores sociales. Sin embargo, la iniciativa Distrito Grafiti integró lo público, lo artístico, lo ciudadano y lo privado y, durante casi 8 meses se evaluaron varias zonas de la ciudad, para determinar que el Distrito Graffiti se establecería en la Zona Industrial, un sector poco visitado, pero con amplios espacios murales propios de las bodegas de la zona, un lugar donde también hay cicloruta y una importante oferta de transporte público. 

La conceptualización artística buscó impactar a la sociedad de una manera positiva, darle un giro de 180° a la historia, con temas representativos como los cerros orientales, la mujer, la naturaleza y el contexto social. Así, 14 muros con una longitud de 1.500 metros sirvieron de lienzo para que 25 artistas (15 locales, 2 nacionales y 8 extranjeros) llenaran de forma y color la iniciativa Distrito Graffiti en Bogotá.

El arte urbano llegó para quedarse desde entonces y, con orgullo, podemos decir que la capital es unas de las galerías a cielo abierto más grande de América Latina. De la mano de artistas emergieron criaturas fantásticas, rostros expresivos, animales mágicos y formas particulares; todos cohabitan entre el frío concreto, el ladrillo limpio y los altos andenes de Puente Aranda en Bogotá. 

Hoy el Distrito Graffiti es una parada obligatoria para los turistas que visitan la ciudad. Los impávidos muros se transformaron en alegorías a la vida y la naturaleza. El paso del tiempo hizo que paisajes multitonos se posaran sobre las paredes y muchos artistas dieran rienda suelta a su imaginación. El esténcil y el espray dotaron de un brillo especial la zona, logrando una liberación del arte en la ciudad que hoy se constituye como patrimonio cultural de todos.

En Bogotá el Distrito Grafitti es sinónimo de inclusión y diversidad. La intervención de los artistas urbanos ha significado un recambio de usos, costumbres y percepciones en la ciudad. Esto va más allá de pintar un “dibujo en una pared”, en el Distrito Grafitti prima la formación de comunidades felices, cómodas con su entorno y, sin duda, más seguras de sí y del otro. El arte callejero te llena de reflexiones interesantes y, a través del graffiti encuentras nuevos valores (de repente, también hallas algunos extraviados), así que nuevos sentidos empiezan a fluir.

El Distrito Graffiti ha sido reconocido por prestigiosos diarios como New York Times y El País de España. Bogotá ha adquirido el apelativo de la capital latinoamericana del Graffiti, gracias a la exposición del arte urbano como una práctica cultural interdisciplinaria que sobrepasa cualquier tipo de estigma.

La diversidad de estilos disponibles en la capital del país es bastante amplia; en cada localidad de la ciudad hay paredes con trazos, rayones, formas y colores que sirven como ejes de expresión. En toda la ciudad los artistas acuden a diferentes formatos y técnicas para expresar lo que sienten: aerosoles, vinilos, esténciles, pegatinas, carteles y hasta esculturas son muestras de arte urbano en Bogotá.

Callejear por zonas como las Américas con calle 61, La Candelaria, el Cementerio Central, la Carrera 30 con avenida 19, la carrera 5 con calle 65 y la carrera 7 con calle 51 te darán una perspectiva artística diferente de Bogotá, te llenarán de razones para enamorarte de la ciudad y su gente. 

Caminar por la ciudad es como recorrer un libro de historias ilustrado; así es la apariencia actual de la capital gracias a los artistas urbanos que han logrado exaltar con “Distrito Graffiti” los deseos más profundos de comunidades afanosas por expresarse. Los muros de los barrios se constituyen en un medio con voz, un lienzo en constante transformación, una pintura que cambia, que se renueva año tras año. Porque en el gran Distrito las calles cuentan historias y los muros hablan, así que es el momento de escucharlos.

 

También te puede interesar

Descubre la ciudad

preloader