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Ya había escuchado sobre este lugar varios meses atrás, pero no sabía cómo llegar, cuándo ir y mucho menos qué esperar. Llegó el día, o mejor la noche, un jueves, un día de trabajo común y corriente. Con el parche que andaba y luego de terminar la jornada laboral y pensar qué había por hacer una noche de jueves en Bogotá, uno de ellos sugirió ir a la Plaza de las Hierbas, él vivía en el barrio y daba la casualidad que ninguno de los demás amigos conocíamos la dichosa
plaza: -bueno ¡vamos! dijimos -,pues un plan de plaza de mercado se salía de cualquier esquema y decidimos ir. Recuerdo que dimos varias vueltas por el barrio antes de encontrar la entrada, a esa hora pasadas ya las once de la noche todas las calles se veían igual, no había casi gente circulando y la verdad poca iluminación; llegaban pensamientos que surgían tras la estigmatización generada hacia el barrio y hacia la localidad por parte de quienes no los habitamos, en cuanto a la aparente inseguridad, a la soledad de sus calles e incluso la delincuencia que se puede, en teoría, experimentar si se visita. Sin embargo, pocos metros antes de llegar, se empezaron a sentir aromas atípicos, perfumes naturales, olores a monte, a bosque, a agua aromática de la abuelita (de esa que alivia todos los dolores). Entramos por la calle 22b, se veía mucho movimiento de mercancías, camiones, cargueros y la estación de minutos y tinto en la esquina. Efectivamente entrar a la plaza fue como viajar a una dimensión desconocida, un lugar que definitivamente uno no espera encontrar en el corazón de la metrópoli, en medio de
edificios, avenidas, buses, ruido y hasta caos, pero ahí estaba, la joya de la corona, la Plaza de las Hierbas.

Lo primero que se ve son montoncitos de plantas acomodadas una encima de otra en pequeños montículos en el centro del cuadrado que es la plaza, que vale la pena mencionar que durante el día funciona como parqueadero y restaurante. Empieza una a caminar, guiada más por el olor que por otra cosa y se encuentra con abuelitos en su mayoría, que custodian su mercancía, arropados de pies a cabeza, cubiertos por la ruana que no falta, algunos cerrando sus ojitos, otros tomando aromática o tinto, conversando o simplemente estando dispuestos a despachar la venta. Se encuentran desde hierbas aromáticas como la manzanilla, la caléndula o el cidrón en bultos o manojos; tronquitos como la valeriana, algunas frutas sobre todo de tierra fría, hortalizas incluso; pencas de sábila, totumo, coca y empieza una a descubrir un sinfín de plantas que ni sabía que existían como la bretónica y la destrancadera (ambas utilizadas en los baños o limpias) y el romero paramuno, entre otras muchas. No se puede una quedar mucho tiempo de pie frente a un puesto porque hay un carguero pasando que lleva bultos en carreteras de madera, van de allá para acá. En una esquina se encuentra el altar de la virgen del Carmen, decorado con flores y frutas, y sobre los laterales se encuentran los locales: un par de puestos de arepas y comida, algunos abarrotes y los más visitados los locales esotéricos. En ellos se consiguen los artículos más insospechados, jabones para la buena suerte, amarres para el ser querido, inciensos, velas de colores y hasta billetes de monedas extranjeras para atraer el dinero. En uno de ellos atiende Don José, quién lleva más de 20 años en la plaza y apunta de menjurjes, recetas y pócimas ha sacado adelante a su familia.

Detrás de toda esa magia visible a todos los sentidos, también hay historias de resistencia por parte de sus vendedores en una gran mayoría adultos mayores, invisibilización, indiferencia por parte de otros mercados y centros de acopio agrícolas en la ciudad e ignorancia. Pero al final mucha esperanza en la venta de hierbas de tierra fría que se da mayormente los lunes y jueves en el horario de 10 de la noche a 5 de la mañana. No queda sino invitar a residentes y viajeros de Bacatá a que se dejen sorprender por un universo inexplorado y que vivan en carne propia este maridaje perfecto entre naturaleza y cultura propio de esta plaza ¡ah! y quién quita y se les haga el milagrito...

 

 

Fotografías:

Foto Portada: Portfolios uniandes

Foto Interna: Alcaldía Local Los Mártires

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